viernes, 25 de diciembre de 2009




No preguntes cuál es mi nombre, no tienes opción, es eso o es todo.. por último escapa, pero recuerda.. aquí estaré, pero nose si de inmediato responderé.
Quizás tropiece, quizás pase.. pero es un sólo camino y creo que no hay espacio para ti.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Blackwood II

En un estrecho espacio bien aislado por gruesas paredes y la vieja distribución de la casa, más música violenta y sin mucha estética (pero con fuerza, sentido y crítica) y el humo del tabaco saliendo de bocas ansiosas y viciosas empezaba a crear la atmósfera necesaria para poder liberarse. Gentilmente recibió un cigarro y el alcohol comenzó a hacer efecto, y las conversaciones fueron adquiriendo complejidad y sentido. Hablaron de política, pero no hablaron de políticos. Los hombres ya los habían defraudado una y otra vez, ya habían demostrado que mentían, era fraudulentos y engañaban, y hacían sólo lo que era bueno para ellos, no para todos. Anti política; eran una mentira. Hablaron, eso sí, de ideologías, hasta que Álvaro descubrió que todas eran igualmente falsas, todas eran quiméricas e ideales; no existía la igualdad, y odiaba la idea de ser dominado por un ser sólo con más poder, no con más inteligencia; por lo tanto ninguna ideología que pudiese ser representada en un partido político serviría para algo. Pero se calló, y observó a sus amigos discutir acaloradamente, defendiendo sus tendencias políticas, y el sintió asco por su devoción, y sintió admiración por su pasión para defender algo que consideraban correcto; sintió quizás un poco de envidia por su capacidad de sentir algo, tener algo a lo que pertenecían, y defenderlo. Pero no llegó hasta la envidia, pues nada de lo que defendían tenía realmente mucha importancia, o era respetable o decente. Y observó a sus amigos defendiendo acaloradamente ideas y hombres que no los defendían a ellos.
Después hablaron de justicia, pero amargamente se dio cuenta de que no tenía dinero para pagarla, y sonrió irónicamente en silencio. Hace algunos años, hace algunos meses, hubiese sentido rabia e impotencia ante la lista de injusticias mundiales, generales y personales que ellos nombraban y enumeraban. Pero ya no le quedaba capacidad de asombro, sólo ironía, sarcasmo y cinismo.
Hablaron de religión, y se rieron de Dios, de la iglesia y de Jesucristo. Estaban ya demasiado despiertos como para caer bajo la religión de la ignorancia, no podían creer en personas tan hipócritas, tan falsas. Y se rieron sin Dios, pero Álvaro se dio cuenta de que entonces se quedaban solos, abandonados en la bola de barro entre animales depredadores. Ya no tenían respuestas para todo, y la muerte parecía más aterradora sin creer que hubiese algo más allá, y la vida perdió sentido al darse cuenta de que después de todo, moriría de todas formas, y se preguntó por qué aguantar tanto dolor y esforzarse tanto. Y sintió rabia ante si ex Dios - Padre, y sintió rabia ante su hermano - hombre, y su alma se oscureció un poco más, y sus sentimientos se amargaron un poco más, su mirada se volvió ligeramente más sombría y más vacía.
Finalmente sólo hablaron de idioteces y se rieron de ellas. Blasfemaron, satirizaron, fueron irrespetuosos con todo y con todos, incluso entre ellos mismos y para ellos mismos, y se olvidaron por un momento de todo el odio y la desesperación. Hablaron de música violenta y de libros interesantes, y se llenaron de orgullo, pues conocían mucha música violenta y muchos libros interesantes, y se sintieron muy inteligentes y muy interesantes. Se llenaron de orgullo hablando de literatura que complacía sus sentimientos de ira e injusticia, y se sintieron identificados y satisfechos, y seguros. Y siguieron abrazándose con más auto compasión, para tranquilizar sus conciencias y alimentar sus debilidades, callar su cobardía, y cuando su espíritu vil y patético se sintió seguro, cada uno se levantó y partió nuevamente a su propio hogar.
Álvaro inició su caminata hacia su casa al amparo de la niebla y con paso torpe y alcoholizado. Su mente se había idiotizado lo suficiente como para no sufrir nuevamente de ataques de terrible conciencia sin la protección de ningún tipo de autocompasión o excusas, ataques sin compasión que habían comenzado a aparecer desde hacía poco pero no parecían cesar, y se estaban haciendo realmente dolorosos.
Y mientras observaba el fluir de sus pensamientos (pues con tanto alcohol en la sangre no se puede hacer otra cosa que observar, difícilmente puedes pretender crear) se fue filtrando en su mente un ritmo lejano e hipnótico y extrañamente excitante, de forma subconsciente. No se dio cuenta de que había dejado ya de caminar, y que se hallaba en medio de la calle y con una alta probabilidad de ser atropellado pues los árboles eran altos y frondosos y tapaban la luz de la luna llena y la de los faroles destartalados. De pronto su conciencia se aclaró durante unos breves segundos y se dio cuenta de que estaba perdido. Al fondo de la calle, a unas ocho cuadras, creyó
reconocer una calle familiar. Llegó a pensar que en su curadera se había desviado en algún punto, pero entonces le asaltó la extraña idea de que ese ritmo lejano le había atraído inevitablemente. Y entonces volvió a escuchar ese ritmo, y su mente volvió a nublarse recordándole que aún estaba ebrio. Siguió de pie sin sabe qué hacer hasta que de pronto el viento le trajo un fuerte olor a hierba, y por una pequeña calle oscura le pareció ver destellos de luz, y se encaminó en esa dirección para encontrarse con una calle sin salida, con una pequeña rotonda al final adornada con una hermosa fuente de agua estancada.

viernes, 11 de diciembre de 2009

I


El perro duerme, nada lo apura.. pero el calor lo atonta, mientras que el cigarro sigue ahí, esperando a que alguien lo prenda luego, ya que es la tentación misma, algo así como el jefe.. ¡sí! soy su esclava [aunque creo que ahora bastante menos, de hecho si estuviera sometida a la nicotina.. ya lo hubiera prendido]. Me gustaría esperar un poco más para fumar el cigarro ya que así me da la sensación que se acerca más rápido [aún] un nuevo año.
No me atrevo a decir que este fue un mal año.. pero tampoco fue bueno, una etapa intermedia en la cuál se debate tras las otras.
De la oscuridad a la luz hay un poco, del egoísmo a la solidaridad otro tanto, pero nose a que tal punto.. podría llamarse como una "casa de piedra". Algo atontada me tiene el calor.. desgraciado, cuando mas se necesita no aparece y cuando casi nadie lo quiere.. viene a decir "HÁ!".. [creo que esto será el recuento del año], en este período aprendí bastante.. pero mi lema es "de los errores se aprende" y a punta de cagás he aprendido, pero así como me caigo, pronto me levanto.. claro que muchas veces con ayuda, ya que estoy tratando de pararme y PAF! me vuelvo a caer.. BGUUUUUUUURRA!.
No hay más hueá que me cargue, que no pueda viajar a Santiago, tan terrible es la hueá? nopo! pero el problema es que estos santiaguinos son tan re-cuáticos que hacen la media parafernalia.. entonces así con que gana?. Tantos garabatos me dirán.. y que tanta la hueá? los garabatos van en las personas, de mal modo pero van, también es Arte [y bien compuesto oiga!], no me dirán que no existe persona garabateá.. un claro ejemplo: Piñera, con su discurso pauteado, sonrisa falsa y cara estirá, que brillo? si, el hombre es desagradable, me desagrada, nos desgrada.
Pero que estupidez me acaban de decir.. la aburrición depende del resto.. claro que no! depende de cada uno, puta la hueá.. que culpa tiene el resto que te aburras porque ellos saldrán? hay que saber diferenciar oiga.. catalogar, así como están las categorías estéticas: lo sublime, cómico y grotesco, a todo esto las obras de Patricia Piccinni caen en esta última categoría.. pero que esculturas tan bien hechas y tan asquerosas! que granos erosivos más asquerosos tienen en su espalda.. no, no. Al menos hoy no tuve que mover las marionetas.. rico y entretenido, pero me cago de calor, hasta quedar con una quemá de camionero rasca, porque pucha que es rasca.
Miren que el cambio para Chile, el compromiso.. puras hueás, puras palabras, de la boca hacia afuera. ¿ALGUIEN PODRÍA INCORPORAR EL MEJORAMIENTO DE LA EDUCACIÓN, porfavor? ¿IGUALDAD?, se las presento. Tres vueltas de carnero y PAF! te fuiste por el agujero.

martes, 29 de septiembre de 2009

Círculos cerrados .

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente… El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte. La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones? , ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio. Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida. Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate. Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

jueves, 24 de septiembre de 2009

Tétrada pampeana.

La extensión yacía cubierta por un gran silencio. El silencio cuyo piélago iba a ser la cuna del mito pampeano, el que al cobrar voz, voz de canto, lo desgarraría para articular dentro de su cósmica concavidad una palabra, la palabra de un mensaje, la cifra de una cosmogonía, de una historia gaucha del mundo, cuyos elementos primordiales comienzan a organizarse, a articularse en cosmos en virtud de la medida y el rimo de las estrofas de un canto.
No sólo, en el mundo, primero fue la poesía, el canto, sino que el mundo mismo empieza a arquitecturarse, a surgir del caos primitivo en una canto plasmador. Es que, como nos enseña el Mago del Norte, "la poesía es el idioma materno del linaje humano" y así "como la floricultura es más antigua que la agricultura y la pintura que la escritura, el canto es más antiguo que la declamación", que la palabra hablada y el discuro.
El cielo, la tierra y el mar eran un bloque indiviso de silencio, y en este inmenso piélago silente flotaban, todavía sin nombres, es decir indeveladas, enigmáticas, las cosas; y la vida pampeana, latente, en germinación, aguardaba el signo diferenciador y jerarquizador de las normas, para organizarse e integrarse en un mundo. Cielo, tierra y mar callaban, y la noche les devolvía, ahondado en eco, el denso silencio, ese silencio que como el Número pitagórico, munido de la fuerza del Uno supremo, o la región de las Madres goetheanas, es la matriz de las formas originarias, de las que fluyen de los moldes arquetípicos todos los seres, en concreciones y diferenciaciones múltiples.

domingo, 30 de agosto de 2009

Blackwood

Álvaro interrumpió sus tareas imperceptiblemente molesto. Quizás sentía reparos en contestar mal a su madre (a quien sin duda amaba) o quizás porque incluso comprendía que ella no tenía la culpa de interrumpir su valioso trabajo, de todos modos ella no sabía lo que él hacía durante esas horas de aislamiento en su habitación, en silencio, frente a pilas de libros y papeles garabateados. Realmente no creía que nadie entendería esa importancia. De todos modos, en su escueta respuesta de asentimiento y la mirada vacía que dirigió a su madre no se podía ver reflejada la perturbación que le produjo la interrupción. En realidad, su expresión pocas veces reflejaba algo, lo que fuera.
Se levantó lentamente de su escritorio, marcó las páginas de los libros que estaba ocupando con un pedazo de papel descuidadamente cortado y cerró los cuadernos en los que mantenía sus
anotaciones. Cerró también una vieja carpeta, llena de hojas de diversos orígenes (o al menos pedazos de ellas) correctamente ordenadas, que guardaba celosamente entre sus libros en su habitación, y que contenía todos esos ensayos y poemas que él sabía que jamás nadie iba a ver. Sólo después de haber ocultado bien todo rastro de lo que había estado haciendo (aunque por supuesto él no se daba ya cuenta de que lo hacía, su ocultismo era ya algo natural para él) apagó la luz y salió de su habitación.
Sonrió ante los comentarios jocosos de su padre sobre algún hecho de origen completamente desconocido para la memoria aún divagante de Álvaro, y se sentó a la mesa a comer en silencio. Su padre, un buen hombre burgués, mucho más feliz que Álvaro y aún sin duda tan experimentado como su hijo, apenas consiguió sacar un par de comentarios (fugaces por supuesto) a Álvaro, quien aún divagaba por textos e ideas muy extrañas a una simple cena familiar, y que sufría de espasmódicos ataques de clara ( y terrible) consciencia por las deducciones que se formulaban en su cerebro, apenas prestaba atención a las anécdotas que intercambiaban mamá y papá. Es más, muy posiblemente olvidó qué ceno cuando volvió a su habitación, tras una espera inquietante y abrumadora. Su padre había observado el silencio y la mirada perdida y pensativa de Álvaro, e incluso detectó cierto estado de agitación, en el fruncimiento de su ceño, la tensión de su cuello y labios, y el frenético juego de sus delgados y largos dedos sobre la mesa. Y viéndolo partir nuevamente a su celda voluntaria, se preguntó una vez más si había criado bien a su hijo, si su hijo sería feliz.
La segunda interrupción no había sido tan grave para Álvaro. Aún no había terminado su cigarro y escuchaba relajadamente una música violenta y pesada, cuando su madre le avisó que el teléfono era para él.
15 minutos después salió al frío de la noche de invierno. La niebla aún no caería hasta dentro de varias horas después y limpiaría el aire sucio y horrible de la ciudad, pero ya se podía sentir la humedad en el ambiente. Lentamente caminó hasta el paradero y tomó la micro que le servía; observó distraídamente su alrededor mientras que en su mente las ideas, y las deducciones que efectuaba a partir de ellas aún se amontonaban en su inconsciente, y algunas conseguían traspasar el velo y llegar a su consciente, y entonces su mente se esforzaba por encontrar alguna vía para ser ordenada y racionalizada.
Llegó a su destino, y calmadamente caminó hasta llagar a un viejo edificio de tres pisos, enorme y hermoso, cubierto de vegetación extraña y desordenada. Resueltamente tocó el timbre, y aunque durante un instante su timidez se alarmó al considerar que quizás otra persona contestaría, la puerta simplemente se abrió, y el simplemente entró.